miércoles, octubre 01, 2008

El retorno a la Gloria / A return to la Gloria

Saliendo del Palenque andino, tomamos vuelo a otros territorios ancestrales de la diáspora Africana enclavados en lo que hoy es Colombia. Saliendo del río Ovejas y siguiendo la desembocadura al Cauca, bajamos por el río y entramos al Valle donde cambiamos ruta para cruzar la cordillera occidental y bajar al anden del Pacífico. Nos encontramos con el río Dagua que nos llevó a una comunidad de viejos amigos que es esperanza de esta región tan especial e impactante: La Gloria.

Igual que la primera vez, seguramente por la gran cantidad de otras plantas y animales endémicos de la región, nos sentimos como en casa propia por las riquezas de vida, cultura, lucha y resistencia que aquí tienen lugar. Después de repasar los meses transcurridos, salimos a la mina de oro de la comunidad que es manejada, trabajada y disfrutada por toda la comunidad, caso muy distinto a lo que nos ocurrió en nuestra ultima experiencia. Vimos que en los hoyos hechos por los jóvenes, siguiendo los consejos de sus mayores, se usaban prácticas tradicionales y técnicas modernas a escala pequeña pero no destructiva como las retroexcavadoras, minas a cielo abierto y los químicos que se usan en la minería industrializada. Según lo que nos explicaron los mayores, este es un proyecto, entre otros, que busca crear oportunidades económicas en la comunidad para que a los jóvenes no les toque salir a de la vereda a trabajar. Una idea que se tiene para los hoyos una vez hayan sido suficientemente explotados, es reutilizarlos como lagunas de piscicultura con tilapia y camarones de agua dulce lo que crearía una fuente alimentaria que aprovecha el cambio geográfico que causado por la minería. También se piensa trabajar la reforestación de las zonas alrededor de las futuras lagunas. Igual a la escena de los mineros en nuestra obra de Plan Colombia, vimos cómo los jóvenes y los mayores trabajan en conjunto por medio de un solidario apoyo mutuo.

Al día siguiente de nuestro aterrizaje, volvimos a las tierras del lado del río Dagua en donde unos de los mayores tienen cultivos sembrados. Lo más bonito y especial fue la organización de este espacio que es muy distinto al de las chagras, tuls y huertas que hemos conocido. Para este hábitat de bosque tropical nos pareció una práctica ingeniosa e integral a la ecología nativa de la región, poder producir alimentos sin destruir el hábitat nativo. En el espacio que conocimos había maíz, yuca, plátano, caña de azúcar, borojó, guama, aguacate, cacao, chontaduro, guayaba, pomarrosa, limón, y otras frutas que no conocíamos como el coronillo, el chacarrá y la mela. Entre los pocos y esparcidos espacios que se abrían al talar los árboles, había cultivos como yuca, caña y maiz, y también árboles como la palma de chontaduro, borojó, guama, cacao, pomarosa y aguacate. Alrededor de donde se sembraba, el monte se controlaba a punto de machete pero jamás se fumigaba o se mataba toda la vegetación de la tierra. Lo que se cortaba se dejaba como abono verde y con los frutales que se sembraban se implementaba una reforestación inmediata de árboles frutales y endémicos. En esta visita el mayor nos entregó una pequeña palma de chontaduro para sembrar que fue nombrada como la abeja que la puso en la tierra, la abeja nutria.

De los aspectos, entre muchos, que hacen a la vereda la Gloria tan especial, es ser una vereda pegada a las comunas periféricas de la ciudad de Buenaventura pero que aun conserva costumbres, prácticas e identidad netamente campesinas. Fuimos testigos de cómo los medios de comunicación y la fuerza pública fomentaron una imagen negativa de violencia y peligro en la Gloria sin decir jamás que los paramilitares son los que controlan buena parte de la violencia y que son las personas que entran y salen del barrio sin vivir en él los que manejan los mercados ilícitos trayendo muchos otros problemas asociados. Sin embargo, la comunidad resiste a este desafío de manera digna y fuerte pero no sin exponerse a amenazas y tensiones agotadoras. De nuevo, estas problemáticas existen por los distintos intereses que se manejan acá.

Como la Gloria es tan especial, muchas entidades han demostrado interés por trabajar o “colaborar” con la comunidad. Desafortunadamente por falta de sinceridad y simplemente en una actitud paternal y ventajosa, estas instituciones a veces frustran más que ayudan en los procesos. Ha habido buenos aliados como parte del Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca- CVC, pero la entidad, como aparato del Estado, aunque no lo niega, no ha permitido que la reserva natural sea declarada como propiedad colectiva de toda la comunidad. Los mecanismos legales, eurocéntricos, solo permiten que sea de una persona, un privado o de la junta de acción comunal. En varias ocasiones El CVC y la Universidad del Pacifico han sido bienvenidos para hacer estudios cartográficos, hidrológicos y de biodiversidad de las 71 hectáreas protegidas de la comunidad pero hasta la fecha no han entregado ni una copia de los resultados de esos estudios a la comunidad para que puedan fortalecer y profundizar su conocimiento de su propio territorio. Cada año, el CVC con todas las otras corporaciones autónomas del país, declaran ante el gobierno nacional cuánto hábitat natural han podido proteger, por el que el gobierno les entrega fondos del presupuesto nacional para apoyar esa protección. La comunidad de la Gloria ha sido responsable por la labor de protección de su territorio ancestral pero el CVC ha tomado el crédito y dinero de labor sin reconocerle alguna parte a la comunidad. Sin embargo, a pesar de todo este aprovechamiento de la labor de la comunidad y de las riquezas del territorio, no ha recibido la protección adecuada por los intereses de expansión del aeropuerto y el puerto en la reserva.

La última noche en la comunidad pudimos compartir el cuenta-cuentos de Plan Colombia con distintas personas de la comunidad. La obra se contextualizó de muchas maneras a la realidad de esta comunidad que ya cumple 47 años de existencia. Hoy en día, cuando el distrito de Buenaventura pide recursos para su presupuesto, la vereda es incluida como parte de la zona urbana, pero nunca se usan esos fondos para la comunidad que no tiene pavimentación ni alcantarillado; toda el agua consumida por la comunidad viene de la recolección de lluvias y de las quebradas y ríos del territorio. En el cuenta-cuentos nos enteramos de cómo, en 1967, Cartones de Colombia entró al territorio y taló la mayoría de los árboles más grandes y antiguos del bosque. Cuando hablamos de la explotación del caucho en la región amazónica y llanera, un mayor nos explicó que en esa misma época de la Segunda Guerra Mundial, una parte de la población Afro de la Costa Pacífica fue esclavizada para extraer el látex del palo de mispero. Un relato histórico e importante del que poco se conoce y que hay que divulgar.

La ultima mañana en salimos con un mayor y varias jóvenes de la comunidad. Al igual que los indígenas de los Andes, estos jóvenes Afropacíficos estaban realizando un recorrido territorial para aprender más sobre la geografía propia, las fuentes de agua, los árboles frutales, las plantas medicinales, su identificación y uso y, en general, conocer qué existe en el territorio para así protegerlo de mejor forma. En esos momentos tan cortos pero que tocaron las vibraciones más profundas de nuestro ser, salimos bendecidos al poder esta allí, compartir y ser parte de la comunidad. En un momento una compañera joven le preguntó al mayor: “¿qué más se puede hacer para poder lograr la protección de nuestro territorio ante una amenaza tan grande como la expansión portuaria de Buenaventura?”, un megaproyecto que es parte del IIRSA y que se proyecta sobre el territorio ancestral. El mayor respondió: “en estos momentos hay que entrar a la reserva, pedir a la naturaleza con pureza de corazón y mente, con humildad, sencillez y paciencia. Con esto, ella cumplirá”.

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Leaving the Andean Palenque, we take flight to other territories of the African diaspora set in what is now Colombia. Following the River Ovejas down to where it spills into the river Cauca, we enter the Cauca river valley where we change route to cross over the western mountains and down to the Platform (Anden) of the Pacific. We find the river Dagua and follow it to a community of old friends who are a hope for this speal and impacting region: La Gloria.

Just like the first time, because of the large amount of other plants and animals endemic to the region, we feel very at home by the wealth of life, culture, struggle and resistance that take place here. After months of hearing about it, we went to the gold mine that is managed, worked and enjoyed by the whole community, very different from what we did in our last experience. We saw that in the pits made by youth, following the advice of their elders, traditional practices and modern techniques were used in small-scale, destructive but not as much as backhoes, open pit mines and chemicals that are used in industrial mining. As explained to us by the elders, this is a project, among others, which seeks to create economic opportunities in the community so that young people do not have to leave the village to find work. One idea that is proposed for the holes once they have been sufficiently exploited, is that they be reused as fish ponds with tilapia and freshwater prawns which would create a food source that takes advantage of the geographical change caused by mining. It also intends to work reforestation of some areas surronding the pits. Like the scene of the miners in the Plan Colombia graphic, we saw how youth and elders worked together through a mutual solidarity.

The day
after our landing, we returned to land on the side of the river Dagua where some of the elders have their crops planted. The most beautiful and special aspect of this was the organization of this space that is very different from the chagras, tuls, gardens and orchards as we have known. For this tropical forest habitat the methods used are ingenious and key to the native ecology of the region, producing food without destroying the native habitat. The space had corn, cassava, banana, sugarcane, borojo, guama, avocado, cocoa, chontaduro, guava, pomarrosa, lemon, and other fruits that we did not know like the coronillo, the chacarrá and mela. Among the few scattered areas to be opened due to fallen trees, crops like cassava, sugar cane and corn, as well as chontaduro palm trees, borojo, guama, cocoa and avocado were planted. The areas where they were planted the other plants growing around them were controlled with a machete but never fumigated or killed entirely. What was left was cut as green manure and fruit trees that were planted were immediately implemented as a reforestation of fruit and endemic trees. On this visit, a bee was given a small chontaduro palm to plant in the earth, the palm received the bee's name, otter.

Of the issues, among many, that make the village la Gloria so special, is how it is attached to outlying Communes of the city of Buenaventura, regardless it still retains customs, practices and identity distinctly rural. We witnessed how the media and the police fostered a negative image of violence and danger in la Gloria without ever saying that the paramilitaries are those who control much of the violence and it is them who are entering and leaving the neighborhood dumping bodies, bringing in the illicit markets as well as other associated problems. However, the community resists these challenges in a dignified manner and strong but not without exposing themselves to threats and grueling tensions. Again, these problems exist for the various interests that are had here.

Being that la Gloria is so special, many entities have shown interest in working or "collaborating" with the community.
Unfortunately for lack of sincerity, paternalistic attitudes and greed have shown other faces, these institutions sometimes frustrate rather than help in the process. There have been good allies as part of the Autonomous Regional Corporation of Valle del Cauca, CVC, but the entity as a state apparatus, has not allowed the nature reserve to be declared within collective ownership of the entire community. The legal mechanisms and Eurocentric bureacracy only let one person, a private entity or the community action board control the reserve, but not the community as a whole. On several occasions the CVC and the University of the Pacific have been welcomed to do mapping, hydrology and biodiversity studies of the 71 hectares of protected land, thought the community thus far has not received a copy of the results of these studies to be able to strengthen and deepen their knowledge of their own territory. Each year the CVC, along with all the other regional autonomous corporations in the country, declare to the national government how much natural habitat has been protected to be able to receive more government funds from the national budget to support such protection. The community of la Gloria has been responsible for the work of protecting their ancestral lands but the CVC has taken credit and money from work without acknowledging any part of the community. However, despite all this exploitation of the work of community and the riches of the territory, the area has not received adequate protection from the interests of expansion of the airport and seaport in the reserve.

The last night in the community were able to share the story telling of Plan Colombia with different people in the community. The work was contextualized in many ways to reality of this community that has existed for 47 years. Today, when the district of Buenaventura seeks resources for its budget, the village is included as part of the urban area, but those funds are never used for the community that has no paved roads or sidewalks, sewer system, and all the water consumed by the community comes the collection of rain and the streams and rivers in the territory. In the story telling, we learned how, in 1967, Carton de Colombia entered the territory and chopped down most of the biggest and oldest trees in the forest. When we talked about the exploitation of rubber in the Amazon and eastern plains region, we were explained to that in the same period of the World War II, part of the African population of the Pacific Coast was enslaved to extract the latex of the mispero tree. A historic and important story of that little is known and that must be disclosed.

The last morning we left with an elder and various youth from the community. Like the Original Peoples of the Andes, these young Afropacíficos were exploring their territory to learn more about the geography itself, water sources, fruit trees, medicinal plants, their identification and use, and generally knowing what exists in the territory so as to protect it better. Even though there such a brief time, the deepest vibrations of our being, were touched and blessed by the power of such a place, to be able to be there, share and be part of the community. When a youth asked the elder: "What more can be done in order to achieve the protection of our territory against the threat so great like that of the expansion port of Buenaventura?", A mega project that is part of the IIRSA and that is projected onto the ancestral lands. The elder replied: "In these moments we must come to the reserve, ask to nature with purity of heart and mind, with humility, simplicity and patience. With this, She will give. "